"...es que esto de escribir es un dolor que nos viene horadando de continuo, que nos nace de pronto
como nace de nuevo un corazón que estaba muerto..."
"Vicente Martín Martín"

miércoles, 26 de abril de 2017

Jugamos

Jugamos,
sin contar más que el peso de esas alas
que cubrían nuestra espalda aventurera,
a ser dioses, profetas del deseo,
atrevidos viandantes del abismo más tierno
en su mitad vencida.

Pensábamos entonces en un mundo de azúcar,
de gaviotas errantes buscando aquel océano
perdido en nuestras bocas,
creímos saber los evangelios del destino
y conjugamos los tiempos de los árboles
con los ojos cerrados.

Éramos arrecifes en flor en el pecho contrario,
mundo inventado entre el perímetro
de la primera sed
y el vino de los cuerpos,
delineantes de un alba que llegaba sin prisa
al parto prematuro de los sueños.

El calendario no entraba en nuestro dogma
de sabernos indómitos, perpetuos,
prisioneros del hambre y la saliva,
del instante y la carne.

Nos jugamos tanto
que casi no recuerdo tu sonrisa,
sé que te quise,
pero ha llovido mucho desde entonces.


sábado, 28 de enero de 2017

Caminé mucho tiempo

Caminé mucho tiempo tras mi sombra,
los pasos indecisos, el miedo en la mochila
hasta encontrarte,
me perdí con la niebla del recuerdo
con los ojos despacio, la inercia por brújula
y una cicatriz en cada paso errante,
naufragué en una acera,
me vestí de amarillo con las hojas,
claudiqué frente al viento.

viernes, 27 de enero de 2017

El alma prófuga

Tu mirada,
celofán de horizonte en blanco y negro,
camino,
como brizna de lluvia que te inunda la risa
de infancias de abril
aunque el sol, ahí arriba,
haga pedazos las sombras hibernales,
como esa boca expandiendo su silueta
para llegar a mí
cuando me muerdo los labios y te guiño un ojo.

domingo, 22 de enero de 2017

Seguir esperando

Hoy es ayer, quizás mañana,
es lo mismo,
los días pasan como una nube sin lluvia,
como brisa sin huella,
lentos al instante y extremadamente rápidos
al mirarlos de lejos,
con sus líneas continuas, sus aceras estrechas
y ese humo de vida que se escapa
por tu tejado en ruinas.

Vuelves la cabeza
y sólo a cuatro pasos se desdibuja el rostro
de quien fueras,

Mire donde mire

 Mire donde mire hay un cristal roto,
un quiero ser sin techo,
una lámpara
que dejó de alumbrar pasos hace mucho,
una radio en silencio.

En los dos lados del mundo es madrugada,
no hay nadie despierto
a quien preguntar la próxima estación,
no se mueve la luna ni los árboles
regalan a esta hora ese murmullo
que sólo escuchan las almas
a punto de partirse.