"...es que esto de escribir es un dolor que nos viene horadando de continuo, que nos nace de pronto
como nace de nuevo un corazón que estaba muerto..."
"Vicente Martín Martín"

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Me miras

A mi perra


Me miras,
apuntalas  mi rostro en tus pupilas
y te giras de nuevo hacia el balcón,
me sabes tuya y vuelas
con esas voces otras que no te dicen nada
hasta escuchar mis pasos
y venirme con los ojos inquietos
y el corazón de punta.

Sólo quieres la mano, la sonrisa,
ese tono distinto que te enciende por dentro,
la caricia promiscua y casi autómata
para entender la vida,
sólo un gesto te basta para cuajar el mundo.


Tal vez me estés amando como nadie lo hizo,
tal vez
nada fue más sincero en mis oídos
que tu idioma imperfecto,
tal vez yo no sepa decirte que te quiero de veras
sin parecer extrema, idiota,
o tangente a esos otros que dicen que me adoran
porque lo nombran tanto.

Por eso te escribo hoy,
por tu afán incansable en descubrirme
con el alma en los ojos,
por tu sueño tranquilo
y esa paz que te olvidas en mis manos
cuando la incertidumbre acecha,
por la bondad infinita que rebosas.


Son muchos los años, muchos los estantes
donde cubrir de polvo los recuerdos,
mucho el tiempo después para olvidarnos,
por eso déjame conservarte aquí, ahora,
en estas letras que conjugan los locos
a punto de dormirse,
y decirte que sí, que te quiero,
con el sosiego con que aguardan
los campos a la lluvia.

sábado, 2 de septiembre de 2017

Sé bien

Sé bien de los ríos, del viento,
de todo cuanto pasa y se dispersa,
de párpados cerrados explorando el insomnio
en busca y captura del escalofrío.

Sé de cuanto duele, de temblor,
de vacío,
de despedidas que no fueron realmente,
de arrecifes inversos,
de esperas redondas.

Sé de ti,
de la lluvia que fuiste, del tiempo
que vas pisando en cada huida,
de la ceniza que guardas en los labios,
de tu espalda pequeña,
del olor a cristal de tus abrazos,
de tus susurros de piedra.

Sé bien de tantas cosas a ras del suelo,
de tantas sábanas ásperas, de tantos trajes,
que he olvidado quién soy.

Ahora me columpio con las horas
como rama descalza,
sin camino ni horizonte a la vista,
con los hombros desnudos
y una huella sin rostro en la maleta.

Voy tras de mí, buscándome
en un sueño que no me pertenece,
pisando sobre los pasos perdidos,

hasta aprender de nuevo
cuanto quisiera olvidar por siempre.


miércoles, 16 de agosto de 2017

Edición "De alboradas cosidas"

Por fin ha sido editado mi libro "De alboradas cosidas", ganador del Certamen Pastora Marcela de poesía de Campo de Criptana, 2016.

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Algún día


He visto nuestra ausencia en tus ojos esta tarde,
nuestro no ser, esa lejanía inconclusa
que bate sus alas en todos los finales,
he sentido el miedo, el frío
de un epitafio todavía impensable,
el raquítico olor de nuestra historia
sobre las hojas inertes de noviembre.

Todavía nos besábamos
cuando se han arrugado nuestros labios
y en el pecho se nos ha acoplado un corazón antiguo,
me mirabas y los párpados se te llenaban de estrellas,
transparentes las órbitas,
para arrastrarte allí donde la piel no sobrevive.

Algún día no habrá nosotros
y este amor que hoy nos une será otro dolor cualquiera,
otra distancia, quizás
la esperanza final de un suicida antes del pánico,
tal vez la tangencia de una noche con los sueños.

O acaso no seamos nada
y este palpitar ciego que guía nuestro destino
desista ante el silencio de lo eterno.

Algún día la muerte fingirá no escucharnos
y se lavará las manos con nuestras canciones.

Mirémonos, pues, mientras los ojos sean nuestros
y el sudor sea tan salado como un mar
bailándonos la lluvia.


Árbol de la vida

Acrílico sobre lienzos.


miércoles, 26 de abril de 2017

Jugamos

Jugamos,
sin contar más que el peso de esas alas
que cubrían nuestra espalda aventurera,
a ser dioses, profetas del deseo,
atrevidos viandantes del abismo más tierno
en su mitad vencida.

Pensábamos entonces en un mundo de azúcar,
de gaviotas errantes buscando aquel océano
perdido en nuestras bocas,
creímos saber los evangelios del destino
y conjugamos los tiempos de los árboles
con los ojos cerrados.

Éramos arrecifes en flor en el pecho contrario,
mundo inventado entre el perímetro
de la primera sed
y el vino de los cuerpos,
delineantes de un alba que llegaba sin prisa
al parto prematuro de los sueños.

El calendario no entraba en nuestro dogma
de sabernos indómitos, perpetuos,
prisioneros del hambre y la saliva,
del instante y la carne.

Nos jugamos tanto
que casi no recuerdo tu sonrisa,
sé que te quise,
pero ha llovido mucho desde entonces.