"...es que esto de escribir es un dolor que nos viene horadando de continuo, que nos nace de pronto
como nace de nuevo un corazón que estaba muerto..."
"Vicente Martín Martín"

lunes, 16 de octubre de 2017

De alboradas cosidas, premio "Pastora Marcela", 2016



"De alboradas cosidas" es el poemario ganador del premio "Pastora Marcela" de Campo de Criptana, 2016. 
Consta de 21 poemas y está editado por la editorial Huerga y Fierro.
Si estás interesad@ en adquirir tu ejemplar puedes escribirme a mj_0977@hotmail.com.



Te diría

Te diría una ventisca,
la rabia de una espada agrietando
su raíz de piedra,
un olvido poco hecho.

Las palabras ya no cuentan,
no sirvió aquella súplica esdrújula
ni la conjugación en presente de mi llanto
para romper tu cáscara,
dejaron de importarte los susurros, las canciones,
todo cuanto fuera capaz de acariciarte.

Dejamos de sernos
como escancia la luna sus últimas gotas
en las noches a solas
o un dolor caminando a la par de ese infinito
que llevara tu nombre.

Aquí, ahora,
derramando este penúltimo otoño entre las sábanas
antes de dormirme,
sin voz que ofrecerte y una nostalgia rancia
en la mirada, vuelvo a abrazarte,
un solo instante,
casi sin querer,
mientras ruge la tormenta en los cristales.


jueves, 5 de octubre de 2017

Quietos



Nos quedaremos quietos mientras el mundo
gira su timón hacia el momento más triste,
abrazados bajo la piel,
regocijados entre las sombras chinescas de esas almas
que nunca fueron nuestras.

Dejaremos
que nos acaricien la ausencia de camino al precipicio,
los veremos desfilar, uno tras otro,
con los cuerpos encendidos
y un estandarte a oscuras
sobre las arrugas de un glaciar en los huesos.

Acaso tengamos miedo
y nos besemos, como dos náufragos distintos,
en distintas olas,
besan el recuerdo de una madre,
quizás nos venza en un instante aquella inercia
de amortajar al miedo
y queramos unirnos, casi solos,
a ese enjambre de carne recién hecha
y palabras tullidas
murmurando octógonos en sus jaulas.

Pasaré mi mano por tu hombro
y todo habrá acabado,
 dejaré caer, tibios, esos olvidos
que siempre fueron tuyos,
los jeroglíficos
y todos esos sueños de infancia
escapándose a morir al mismo mar
de todos los veranos,
te abordaré despacio, llevándote a los labios
el olor de una estrella y una marioneta
que nos recuerde que todavía estamos vivos.

Y te amaré sobre una baldosa errante
deslizándose libre en un universo nuevo,
un universo nuestro, donde los cometas
esquiven la luz de nuestras ansias
fundidas, deslumbrantes,
lejanas a aquellas asonantes de los conformistas.

Y allí permaneceremos quietos, transparentes
a todos los rezos puntiagudos,
seremos destino de todos los infinitos a medias,
constelación de versos de Cernuda
brillando a contraluz en las orquídeas,
mientras los demás caminan,
deprisa y sin paraguas,
a beberse la lluvia en nuestras bocas.






martes, 3 de octubre de 2017

Un segundo antes del relámpago

Cuando la noche es acueducto, teorema
en que la longitud aletea como un pájaro
y las manos famélicas desafían
los estados de agregación de la materia.

En esa niebla espesa
donde sólo un susurro sabe abrirse camino
y las miradas son placas tectónicas,
donde el recuerdo es trinchera y el ansia templo,
donde el otoño albufera,
allí te espero,
con la misma sed de náufrago del primer beso,
la silueta torcida
y un racimo de lluvia entre los labios.

Para ser geometría inexacta te espero,
para errar de nuevo y darnos la espalda
un segundo antes del relámpago,
para decirnos sin voz
mientras el corazón grita su destiempo.

Con el mismo amor sin rostro
y el cauce dispuesto,
la boca y el corazón a oscuras,
así te espero,
con una cicatriz translúcida hecha abismo
y el miedo en la puerta,
con simientes en los ojos y una sábana blanca,
recién planchada,
en los bordes del alma.

En esa gota de lluvia herida en el cristal
y acosada de aliento,
allí,
desnuda nuevamente al olvido,
te espero.



miércoles, 13 de septiembre de 2017

Me miras

A mi perra


Me miras,
apuntalas  mi rostro en tus pupilas
y te giras de nuevo hacia el balcón,
me sabes tuya y vuelas
con esas voces otras que no te dicen nada
hasta escuchar mis pasos
y venirme con los ojos inquietos
y el corazón de punta.

Sólo quieres la mano, la sonrisa,
ese tono distinto que te enciende por dentro,
la caricia promiscua y casi autómata
para entender la vida,
sólo un gesto te basta para cuajar el mundo.


Tal vez me estés amando como nadie lo hizo,
tal vez
nada fue más sincero en mis oídos
que tu idioma imperfecto,
tal vez yo no sepa decirte que te quiero de veras
sin parecer extrema, idiota,
o tangente a esos otros que dicen que me adoran
porque lo nombran tanto.

Por eso te escribo hoy,
por tu afán incansable en descubrirme
con el alma en los ojos,
por tu sueño tranquilo
y esa paz que te olvidas en mis manos
cuando la incertidumbre acecha,
por la bondad infinita que rebosas.


Son muchos los años, muchos los estantes
donde cubrir de polvo los recuerdos,
mucho el tiempo después para olvidarnos,
por eso déjame conservarte aquí, ahora,
en estas letras que conjugan los locos
a punto de dormirse,
y decirte que sí, que te quiero,
con el sosiego con que aguardan
los campos a la lluvia.

sábado, 2 de septiembre de 2017

Sé bien

Sé bien de los ríos, del viento,
de todo cuanto pasa y se dispersa,
de párpados cerrados explorando el insomnio
en busca y captura del escalofrío.

Sé de cuanto duele, de temblor,
de vacío,
de despedidas que no fueron realmente,
de arrecifes inversos,
de esperas redondas.

Sé de ti,
de la lluvia que fuiste, del tiempo
que vas pisando en cada huida,
de la ceniza que guardas en los labios,
de tu espalda pequeña,
del olor a cristal de tus abrazos,
de tus susurros de piedra.

Sé bien de tantas cosas a ras del suelo,
de tantas sábanas ásperas, de tantos trajes,
que he olvidado quién soy.

Ahora me columpio con las horas
como rama descalza,
sin camino ni horizonte a la vista,
con los hombros desnudos
y una huella sin rostro en la maleta.

Voy tras de mí, buscándome
en un sueño que no me pertenece,
pisando sobre los pasos perdidos,

hasta aprender de nuevo
cuanto quisiera olvidar por siempre.


miércoles, 16 de agosto de 2017

Edición "De alboradas cosidas"

Por fin ha sido editado mi libro "De alboradas cosidas", ganador del Certamen Pastora Marcela de poesía de Campo de Criptana, 2016.

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Algún día


He visto nuestra ausencia en tus ojos esta tarde,
nuestro no ser, esa lejanía inconclusa
que bate sus alas en todos los finales,
he sentido el miedo, el frío
de un epitafio todavía impensable,
el raquítico olor de nuestra historia
sobre las hojas inertes de noviembre.

Todavía nos besábamos
cuando se han arrugado nuestros labios
y en el pecho se nos ha acoplado un corazón antiguo,
me mirabas y los párpados se te llenaban de estrellas,
transparentes las órbitas,
para arrastrarte allí donde la piel no sobrevive.

Algún día no habrá nosotros
y este amor que hoy nos une será otro dolor cualquiera,
otra distancia, quizás
la esperanza final de un suicida antes del pánico,
tal vez la tangencia de una noche con los sueños.

O acaso no seamos nada
y este palpitar ciego que guía nuestro destino
desista ante el silencio de lo eterno.

Algún día la muerte fingirá no escucharnos
y se lavará las manos con nuestras canciones.

Mirémonos, pues, mientras los ojos sean nuestros
y el sudor sea tan salado como un mar
bailándonos la lluvia.


Árbol de la vida

Acrílico sobre lienzos.


miércoles, 26 de abril de 2017

Jugamos

Jugamos,
sin contar más que el peso de esas alas
que cubrían nuestra espalda aventurera,
a ser dioses, profetas del deseo,
atrevidos viandantes del abismo más tierno
en su mitad vencida.

Pensábamos entonces en un mundo de azúcar,
de gaviotas errantes buscando aquel océano
perdido en nuestras bocas,
creímos saber los evangelios del destino
y conjugamos los tiempos de los árboles
con los ojos cerrados.

Éramos arrecifes en flor en el pecho contrario,
mundo inventado entre el perímetro
de la primera sed
y el vino de los cuerpos,
delineantes de un alba que llegaba sin prisa
al parto prematuro de los sueños.

El calendario no entraba en nuestro dogma
de sabernos indómitos, perpetuos,
prisioneros del hambre y la saliva,
del instante y la carne.

Nos jugamos tanto
que casi no recuerdo tu sonrisa,
sé que te quise,
pero ha llovido mucho desde entonces.