"...es que esto de escribir es un dolor que nos viene horadando de continuo, que nos nace de pronto
como nace de nuevo un corazón que estaba muerto..."
"Vicente Martín Martín"

domingo, 20 de abril de 2014

Quietos

 
Nos quedaremos quietos mientras el mundo
gira su timón hacia el momento más triste,
abrazados bajo la piel,
regocijados entre las sombras chinescas de esas almas
que nunca fueron nuestras.

Dejaremos
que nos acaricien la ausencia de camino al precipicio,
los veremos desfilar, uno tras otro,
con los cuerpos encendidos
y un estandarte bordado en viento y oro
clavándose orgulloso
sobre las arrugas de un glaciar en los huesos.

Acaso tengamos miedo
y nos besemos, como dos náufragos distintos,
en distintas olas,
besan el recuerdo de una madre,
quizás nos venza en un instante aquella inercia,
guardada entre costillas,
de amortajar al miedo y nos tiemble
la silueta de un erizo entre los labios,
tal vez, entonces,
queramos unirnos, casi solos,
a ese enjambre de carne recién hecha
y palabras tullidas
murmurando octógonos en sus jaulas.

Pasaré mi mano por tu hombro
y todo habrá acabado,
 dejaré caer, tibios, esos olvidos
que siempre fueron tuyos,
los jeroglíficos
y todos esos sueños de infancia
escapándose a morir al mismo mar
de todos los veranos,
te abordaré despacio, llevándote a los labios
el olor de una estrella y una marioneta
que nos recuerde que todavía estamos vivos.

Y te amaré sobre una baldosa errante
deslizándose libre en un universo nuevo,
un universo nuestro, donde los cometas
esquiven la luz de nuestros cuerpos
fundidos, deslumbrantes,
lejanos a los anhelos sin rima de los conformistas.

Y allí permaneceremos quietos, transparentes
a todos los rezos puntiagudos,
seremos destino de todos los infinitos a medias,
constelación de versos de Cernuda
brillando a contraluz en las orquídeas,
mientras los demás caminan, deprisa y sin paraguas,
a beberse la lluvia en nuestras bocas.

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