"...es que esto de escribir es un dolor que nos viene horadando de continuo, que nos nace de pronto
como nace de nuevo un corazón que estaba muerto..."
"Vicente Martín Martín"

miércoles, 19 de diciembre de 2018

Suficiente. 2º premio "Mujerarte" de poesía (Lucena, Córdoba)


Hoy ha llegado muy deprisa,
con su estela de cenizas dispersas y una niña
hecha abismo.

Hace sólo un rato yo tocaba esa nube
que alimentara las rosas sin nombre,
tenía un camino en el bolsillo que llegaba hasta el fondo,
quería ser océano,
la última hoja del árbol más alto,
pensaba
en el futuro como un pentagrama
y en que una espalda era suficiente para despedirse.

El tiempo era un desierto deslizándose
al compás de la lluvia.

Hoy ha llegado de repente,
como llega el relámpago o ese golpe de viento
a cerrarte los ojos,
con su saco de huesos a remover la tierra
y su color distante.

Me miro las manos dibujando estos versos
y veo los minutos amontonados en ellas,
quizá más grandes, más lentas,
urdimbre de historias transparentes tejiendo el destiempo
bajo sus huellas.

Hace sólo una canción de aquella barra
donde bebíamos los sueños dobles y sin hielo,
cuando conspirábamos, ya casi nosotros,
por desahuciar al mundo para ocuparlo luego,
un trago
y el horizonte sacaba su bandera.

Hoy ha llegado sin quererlo y ha llamado a mi puerta
antes de que pudiera disfrazarme,
me ha encontrado desnuda y con la radio apagada,
con el reloj corriendo tras mis pasos
y un espejo lleno de cicatrices.

Le he pedido disculpas por la niña de ayer,
por todos los otoños en los que besé el suelo,
por esas despedidas que no lo fueron realmente
y me hicieron llevar esta armadura
de fantasma vencido,
por mis manos de arena edificando castillos
a varios metros de la orilla.

Hemos bebido un vino
y, más calmados, le he contado de mí,
de este rumbo incierto que no entrara en mis planes
y que es la propia vida,
de las noches contigo, de esos besos
que no entienden de brújulas y se abandonan
en la piel de las mareas,
de una nube inalcanzable deletreando mis rosas.

Le he dicho que soy feliz con lo que tengo,
porque sólo las lágrimas detienen el llanto
y el dolor la memoria,
porque hay veces que una caricia basta para tocar el cielo
y ningún disfraz puede ocultar una mirada
si es el corazón el que pone los ojos.

Porque aquella niña que soñaba ser océano
hoy es brisa pequeña
columpiando las olas.

Y es suficiente.