"...es que esto de escribir es un dolor que nos viene horadando de continuo, que nos nace de pronto
como nace de nuevo un corazón que estaba muerto..."
"Vicente Martín Martín"

jueves, 4 de diciembre de 2014

Desahucio



La noche, con su urdimbre de murallas,
devorando los rayos de una luna en quiebra,
enclaustrando las luciérnagas del camino.

El amanecer roto en mil pedazos
a través del prisma de unos párpados
moribundos de insomnio.


Bajo las alas del penúltimo sueño
sobrevives al invierno,
te aferras
a los gerundios que hicieron escudo con tus miedos,
a las siluetas aéreas de un pájaro en vuelo
sin más pretensiones que el viento
y una miga de pan en la solapa.

Ayer
la vida era hierba que pisar descalzo,
la sonrisa un desayuno
y el sol magia escondida en la yema de un dedo,
hoy la impotencia inunda el espíritu
de quien nunca creíste llegar a ser.

En tu espalda el peso de los tuyos
a las puertas del hambre,
del destierro,
bajo la mirada oblicua de aquéllos
que piensan que nunca serán tú.

En las calles un único grito,
un solo caudal
embistiendo imperceptible las columnas del templo
donde los ídolos que un día veneraste
juegan a la brisca con tus rezos,
en ellas el lamento tibio
de aquéllos que lo han perdido todo
y todavía sacan las uñas para arañar el cielo.

Llegas a casa, exhausto,
con los bolsillos llenos de esas palabras
que nadie quiso escuchar,
con el orgullo distante
y un llanto hacia adentro anegándolo todo.

Disimulas, sacas la risa
del cuarto oscuro donde habitan las hadas
desde hace algún tiempo
y abrazas a tu hijo mientras oyes un clic
en el epicentro del alma.

Piensas en él y solo esperas
no olvidar el cuento que le tenías preparado
cuando esos desconocidos,
mañana,
se lo lleven todo, menos tu voz.


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