"...es que esto de escribir es un dolor que nos viene horadando de continuo, que nos nace de pronto
como nace de nuevo un corazón que estaba muerto..."
"Vicente Martín Martín"

jueves, 28 de marzo de 2013

Tarde de agosto


Fuera un verano amarillo y silente,

dentro un paisaje

de catedrales ocultas tras la lluvia,

en el aire los sueños,

la inconsciencia fértil,

en mis ojos la mirada del cautivo

y la certeza

de unos dedos que nunca tocarán las nubes.

 

Y en el centro de estos centímetros cansados

una nuez partida

palpitando en el pecho del olvido.

 

El horizonte retorcido en el alféizar,

las calles desiertas de un corazón a medias,

los péndulos tetrapléjicos,

los sobres cerrados…

Todo

en esta tarde de agosto

tiene esa disfonía

que acompaña a las multitudes sin rumbo,

ese rezo insumiso

que nos avergüenza el alma.

 

Y tú ausente,  con la piel blindada

y la sangre translúcida,

derramando aguaceros por los labios.

Tú allí, tan lejos

que los recuerdos llegan sin remite,

sin rincones propios,

que los pájaros se cansan de ser pájaros

y regalan sus alas a los sauces

a cambio de un abrazo.

 

Tan imposible

que una tarde de agosto es suficiente

para morir de frío bajo el sol.

domingo, 24 de marzo de 2013

Casi sin querer


Sin pensar, casi sin querer,

renombrar el abismo.

 

Dejar correr al lápiz, consentirle

explorar nuevas cicatrices,

sumergirse

en mil playas de abandono,

de encuentros sin vuelta,

llorar lágrimas en fila mientras la tinta

se va regenerando con la sangre ausente.

 

Esparcir los estigmas en la nieve

de un papel de invierno,

vísceras,

enjambres de silencios embalsamados

y horizontes de piedra,

hasta que los ojos encuentren

la bisectriz del sueño

y empiece la cuenta atrás de las esperas.

 

Casi sin querer, como un parpadeo

en que el tiempo es nadie,

las palabras van haciendo de ti

ese murmullo que precede a la lluvia.

viernes, 22 de marzo de 2013

Aquí te espero (premio Florencio Quintero 2011)

Aquí te espero

con un vaso medio lleno y un racimo

de lluvia en la solapa,

con un latido roto como música de fondo

y el alma

rodeada de arbotantes con que sobrevivir.


Te aguardo

en el epicentro de un fotograma velado,

en las albuferas del tiempo,

en la estela de un otoño cuadrado

y el mercurio

de esta noche enfermiza.


Desde siempre te espero, desde mucho antes

que los gorriones

dibujaran en sus alas los destinos del mundo,

desde aquel primer diluvio de estrellas inexactas

y el instante anterior al primer rezo.


Desde siempre

guardo en mi corazón

el calor insensato de un abrazo extranjero

y el fatuo sonido de unos pasos sin nombre,

y por eso te espero

para entreabrirme el pecho y respirar,

de una vez,

el aroma amarillo de los libros antiguos.


Si te dijera (Accesit "La Chorrera" 2011)

Si te dijera

que de un tiempo a esta parte

los juncos visten trajes de ballet y los sueños

se me han poblado de abejas insaciables,

que los bolsillos me rebosan libélulas

y los ojos se me han quedado tan pequeños

que he empezado a contemplar las auroras

con los labios.


Si te dijera

que he tirado a la basura los abrazos superfluos

y ahora visto con besos imposibles,

que acaricio los filos de la almohada cada noche

y las estrellas son cáscaras encendidas

de un solo deseo.


Si encontrara el valor suficiente entre los escombros

de esta oscuridad dormida

y te explicara la razón de las brújulas

que adornan mis sábanas

comprenderías

porqué me han nacido alas en la espalda

y no encuentro el lugar exacto donde alzar el vuelo.


Nubes


Nubes  alrededor

que no dejan ver la noche,

como un manto de luciérnagas muertas

atravesando un sueño torcido.
 

Escenarios sin rostro, sin guion

y una estampida de marionetas ciegas

dibujando el tiempo.
 

Y yo sola, tan sola

que la música se crece en cada esquina

donde no permaneces,

esa música angosta, infinita,

con la que morir muy despacio

y no dejar ni el rastro de la escarcha.
 

Teatro y nubes,

la vida misma sobre un tablón en falso

para despedirse.