"...es que esto de escribir es un dolor que nos viene horadando de continuo, que nos nace de pronto
como nace de nuevo un corazón que estaba muerto..."
"Vicente Martín Martín"

lunes, 11 de noviembre de 2013

Premio Internacional Yolanda Sáenz de Tejada


Poesía y cultura en El Bonillo


Día estupendo, con gente maravillosa.
Gracias a todos.

http://www.latribunadealbacete.es/noticia/Z9DC69BC9-C878-ACBB-6BB147F4FF3E1099/20131111/poesia/cultura/bonillo


Aquí os dejo la poesía premiada, espero que os guste.


Rendición
Nos rendiremos
donde los inviernos se persiguen las sombras,
en aquella arista, lejana,
hiriente,
en que el amanecer guarda sus mil vidas
o allí, sobre aquel baúl raído que sobrevive
a los embistes torcidos de un recuerdo.

Nos rendiremos y no habrá lugar para un fonema
con que doblar los párpados,
un suspiro entredicho ni una mano en el rostro
en que ocultar los miedos,
seremos tú y yo, desnudos,
casi despellejados,
para regalarnos la carne, la saliva,
los recovecos de la sangre
y del silencio.

Viviremos allí, por un instante
tan fugaz como imperceptiblemente eterno,
confundiremos los nombres,
inhalaremos
el polvo extraviado de las estrellas sin rumbo,
desgastaremos el cielo de soñar cuesta arriba
hasta caer,
dejarnos caer como un manantial en pausa
sobre el verdín insomne de un corazón de piedra.

Y todo habrá acabado,
las esperas, las dudas,
la búsqueda incesante del tesoro
en esa arruga intermedia de las sábanas,
todo será neutro, intacto,
perfecto
para empezar a olvidar de nuevo.




domingo, 13 de octubre de 2013

Gris

En ocasiones

puedo verme en los reflejos de esa mujer gris,

antigua,

regalándome sus buenos días de cera,

flotando sobre un mundo que ya no le pertenece

y buscando amapolas

en las aristas de las hojas muertas del otoño.


Quizás

las arrugas me hayan forrado el alma antes de tiempo

y solo el piar de un pájaro

o la leve caricia de un sauce en bancarrota

me humedezcan los labios.


La vida debe ser confusa

allí donde los disfraces se aparcan en la puerta

y un espejo

descuartiza diez templos por segundo,

allí donde el aire huele a vértigo y en los ojos

no nos caben las miradas oblicuas.


Por eso me da miedo

ser esa mujer pintada de tormenta

en las tardes de agosto,

me estremezco al pensar

en sus piernas temblorosas soportando el peso

de cuanto pasó de largo,

de todas aquellas palabras evaporadas

bañando los hombros de los caminos sin vuelta.


Y quiero correr sobre los sueños,

correr

cuando me miro las manos, aún jóvenes,

y encuentro entre sus huellas unos brazos exhaustos

sujetando, por tiempos, las líneas del destino.

Y despertarme, y ver que estás ahí,

al alcance de un grito hacia dentro,

mientras esa mujer tenue, casi otra,

alimenta a las gorriones en el parque.



martes, 27 de agosto de 2013

Aunque el mundo no esté hecho para ti

Con las alas por delante para no ver el rumbo,
para no herir al ángel al que no te pareces,
sobrevuelas la ausencia, el subsuelo de un grito,
el futuro imperfecto de un copo de nieve
en la solapa.

Buscas el regocijo allí donde los barcos zarpan,
la caricia de los pájaros,
la palabra de un loco revoloteando
en la fugaz conciencia de las mariposas
y no hallas sino espaldas, cargadas,
ciñéndose estrechamente a tus ojos.

Descorchas la botella, tomas un lápiz
y la vida se escapa a tus antojos,
como un niño que rehúye la merienda
para jugar con las olas,
como la llama de una vela al albor de un beso.

No es esa cicatriz para ti, ni para nadie,
no el recuerdo que quisieras dejar
en el fondo de algún brindis,
tú querías ser sinalefa, pegamento,
y las piezas del puzzle
se redondean en la invisibilidad de tus manos.


Y no puedes sino cerrar los ojos y soñar,
abrirlos y soñar
con ese oasis de luz en tus desvelos,
con esa línea recta que una vez perdiste
y te hizo sentir el gusto a sangre en la mirada.

Y ser tú,
aunque el mundo no esté hecho para ti.

domingo, 14 de julio de 2013

El tango suena de otra forma





Tal vez no era yo quien esperabas

y en mi piel vinieran tatuados

todos los inviernos,

quizás las insignias me resbalaran de orgullo

y las manos se me quedaran tan pequeñas

que sólo supiera tocarte con un verso.

 

No era yo quien buscabas

ni este arcón polvoriento el armario

donde elegir auroras,

no mi mirar en barbecho

ni esa pasión a la que, desde niña,

puse trampas con queso en cada pálpito.

 

Un instante antes

los geranios apostaban color en el alféizar

para nacer despacio,

los cuentos tenían final de cuento

y las mañanas se desnudaban unísonas

a la espera de todos los aromas.

 

Pero la puerta se abrió y estaba yo,

con un dedal y una chistera,

con un castillo de mármol bajo nieve

y un paraguas pintado

sobre una servilleta del café de las cinco.

 

No era yo la princesa

ni en mi mapa al revés

existieron jamás las coordenadas.

 

No era yo, pero hoy, aquí, contigo,

sobre esta paralela de escenarios inexpertos,

el tango suena de otra forma.


lunes, 1 de julio de 2013

Inventándote


Nunca te vi con aquel pantalón gris

de mis sueños de invierno,

ni esa sonrisa con que los árboles

descienden de sus egos para volverse estrellas

en las noches sin piel.

 

No solías maquillarte cuesta abajo

para deslumbrar sombras,

te pintabas párpados nuevos cada tarde

para soñar en sepia, en blanco y negro,

en todos los colores de un vidrio bajo el sol

y no adulterar la creatividad de los ángeles.

 

No te vi cerrar los ojos con un beso

y desear el fin del mundo,

mecerte en la vertiente de un susurro

o disecar el destierro entre mis brazos

para presumir de proscrito enamorado.

 

Quizás el deseo adquirió tu rostro con la inercia

de quien viste mañanas

bajo el silencio turbio de un invernadero,

quizás no eras tú sino la ausencia,

con la mirada bizca y el reflejo torcido,

insistiendo en el portal equivocado.

 

Pero eras tan real

que tu voz ha quedado circunscrita en cada rezo,

en cada suspiro nostálgico por lo inamovible.

 

Y ya sólo puedo quererte,

como un poeta al destiempo,

con la fragilidad de quien abandona su cuerpo

para sentir la gloria

de vencerse, una y otra vez, a sí misma.

 

Y seguir inventándote en todas las historias.


 

domingo, 30 de junio de 2013

Muerte

Al otro lado del espejo,

con esa opacidad que desdibuja el rumbo

y sonrisa de hermana,

blandiendo un diapasón y un gladiolo en los huesos,

provees, ignorante, del silencio al silencio

con tu uniforme de pánico

y una maleta con lo imprevisible.


Me observas cada aurora

disimulando el tiempo bajo la escarcha,

ensayando sonrisas por si acaso

y dedicando estribillos a las primaveras ocultas

bajo el limón tembloroso de un papel de hielo.


Allí aguardas tu turno

sin importarte el carmín ni la mirada

que deletrean mis triunfos,

sin procurar que el amor, o el desencuentro,

hayan desvirgado, alguna vez, mi ausencia.


Allí esperas cauta, invertebrada,

con tu anzuelo de azar adolescente,

el despiste del verbo,

la caricia soez del declive

con que amamantar los sauces.

viernes, 28 de junio de 2013

Dibujo Alhambra


     
Acuarela y bolígrafo sobre papel


Cuarenta y siete segundos



 
Cuarenta y siete segundos

para edificar la madrugada en tus pupilas,

renacer en siembra

y morir desangrada

por el rojo filiforme de una amapola.

 

Cuarenta y siete

para forzar la inclinación de un sueño,

llenar los miedos de acueductos

y desnudarte

al destello nocturno de una concha en la arena.

 

Menos de un minuto,

en mitad de una vida por olvidos,

para enamorarte,

para plegarme en esquirla de horizonte

y engendrar auroras con tus labios,

para presentarte, uno a uno,

todos los girasoles de julio,

dar la vuelta al mundo en una gota de lluvia

y mancillar cada blancura de invierno

con el rubor de tus pómulos.

 

Y ser por una vez

bajo el umbral postizo de esa grieta entre el vértigo,

ser teorema, oración,

última voluntad de un huérfano

o súplica

de una historia sin término

en el vientre concéntrico del purgatorio.

 

Cuarenta y siete segundos para navegar

allí donde los escarabajos dejan de luchar

por darse la vuelta.

lunes, 24 de junio de 2013

Decirte que te amo


En la noche
cuando los cipreses columpian a los muertos
bajo una luna de plástico,
cuando el silencio vomita manantiales
de versos insumisos
y las auroras van turnándose el tiempo
para no encandilar a las lechuzas.
 
En ese instante solo
en que la luz dibuja los contornos
de cuanto no existe,
donde un abrazo se yergue en catedral
y un rezo inventado devuelve toda fe
en los pasos perdidos.
En esa mazmorra de egos malformados
es cuando me nacen alas
y vuelo anárquica, rebelde,
a buscar caminos por tus párpados,
a besarte libre, sin más carga
que un corazón
y una flor contrahecha en los bolsillos.
 
Sólo allí me desdibujo para ser bosquejo,
línea,
mera bisectriz de un imposible
y  decirte que te amo.

 

sábado, 22 de junio de 2013

En el envés de un beso

En el envés de un beso la noche,
la mirada proscrita
en el vértice de una estrella en los huesos.

Palabras que no cesan de suicidarse
entre la arena de un reloj sin tiempo,
silencio, más silencio
y una brújula disléxica en los párpados
con que soñar la vida.

Allí donde los muertos se visten de arrecifes
y las olas columpian los desvelos,
donde los juncos son barrotes
de una cárcel a medias
y los grilletes guían la sombra del cautivo.

Es allí, en el envés de ese beso que nunca nos dimos,
donde bebo cada insomnio
el sabor de tus labios.

martes, 4 de junio de 2013

Persiguiéndote

Persiguiéndote

he llenado mi vida de anécdotas mustias

y amores de plástico,

incluso tuve, alguna vez, una estrella fugaz

como mascota.


Caminé hasta el final de todos los mundos

creados a diario

por la imaginación de un extranjero

en tierra propia,

herí de muerte a muchos mares

y respiré

cada una de las insensateces de un verso

cautivo en las entrañas.


Persiguiéndote olvidé las migajas de vuelta,

me perdí entre telarañas y naufragué

en tantas islas que ya no sé quién soy

ni a qué sabe un sueño sedentario.


Desprecié toda huella, toda sombra

que me hiciera girar sobre mí misma,

aborté mil sonrisas,

congelé las tangencias

que intentaron derretir mis brújulas antiguas

con sus piernas cruzadas.


Y heme aquí con todas mis conquistas,

una bola del mundo bajo el polvo,

el querer intacto

y las manos vacías.

 

 

domingo, 2 de junio de 2013

Noche






El centro del mar, así es la noche hoy,

un vaivén tranquilo, sosegado y húmedo

donde fingirse náufrago de los días,

una paz salada en las comisuras,

una sombra elástica con timón de humo

y una golondrina sin venir a cuento.

 

Es la noche, el silencio eterno

y la palabra exacta,

la música quieta, el reloj rebelde,

los ojos a medias y el alma injertada

en las alas de un insecto.

 

Tú, la noche inmensa y tú, con

su inmensidad cuajada en tu cintura,

tú desgranándote en las farolas,

en las resacas de la luna

y en el vientre azul de las luciérnagas.

 

Tú y el mar, con las caracolas murmurándote

en el pelo,

con el rumbo a tientas y la infinitud

del horizonte entre tus labios.

 

La noche, el mar y tú,

hermosa trilogía del alma para vivir

sin prisas por la aurora.

jueves, 16 de mayo de 2013

Soy yo

Soy yo

la que busca los segmentos perdidos

en mitad del desierto,

la que se alimenta de fluorescencias

y persigue la luz entre las huellas

de este mundo ingrávido.


Yo la que escribo en las cornisas

los logros del día

para que se alimenten los pájaros

y esquiva la frescura de la lluvia

en las comisuras,

la que escribe sin idiomas

y recita del revés los eclipses del alma.


Sí, soy yo

la que no ha aprendido todavía

las distintas teorías de una línea recta

y circunvala las barandas de la estupidez,

la que no se conforma con palabras húmedas

y se encierra en las mil noches de un suspiro

para pensar en nada.


Qué vamos a hacerle si la piel me brilla

como el mármol blanco

y el corazón se me ha licenciado en lejanías,

si las esquinas se han cansado

de verme perder al escondite

y todos los intrusos caben

en mis alfabetos.


O cómo decirte ahora, tras esta retahíla

de sílabas en balde,

que soy yo la que juega, desde esta cárcel

de piel ensangrentada, con las fichas del tiempo

para amarte, que reinvento

segundos nuevos con los restos de horas indecisas

y el corazón se me ha perdido

entre péndulos y esperas.


 

miércoles, 8 de mayo de 2013

Sólo podré quererte

 
 
 
 














Solo podré quererte cuando la noche asome,

cuando la rutina se beba nuestras alas

y las acuarelas dejen, por un instante,

de reinventarse a sí mismas.


Cuando los trajes colgados

empiecen a desprender silencios putrefactos

y las banderas intercambien sus escudos,

cuando la cama se reduzca a un monasterio

con salones inmensos

y se recoja en diez tomos de una enciclopedia

la lentitud de una lágrima.


Cuando el mundo deje de ser mundo

solo podré quererte, engendraré

segundos nuevos con las heridas de un granizo

para poder besarte,

levantaré ciudades con tu voz

allí donde las epidemias de olvido hayan acabado

con la última ceniza

y esperaré con un pétalo en los dedos

la vuelta de todos los trenes.


Solo podré quererte

aunque tú entonces hayas dejado de hacerlo

y estés tan lejos

que la lluvia no huela de la misma forma.


lunes, 22 de abril de 2013

Suficiente


De repente sientes
que un manojo de actores te brotan de los labios,
sonriendo a presión, dedicando

palabras de astronauta a las flores de marzo,

oyendo letras, despreciando
el silencio donde el escenario se rompe

en todos los pedazos que no eres.

 
Te asustas, intentas
buscar en esa urdimbre postiza

un agujero a medias para fugar los versos
que algún día fueron tuyos,

un hueco donde plantarte nueva
y polinizar esa cobardía de espejo

que te disipa el rostro  cada aurora.

 
Entonces caminas rápido, como si al hacerlo

esa sombra que viste tus pestañas

fuese a quedarse lejos, donde el humo de un tren
en el que nunca subiste,

donde aquel horizonte en el que pudo cambiar todo
y el sol se metió hasta el tuétano de la tierra

sin mover un dedo.

 
Quieres, hasta eres feliz en ocasiones,

ves la multitud y te arrastras tras sus huellas

como un reptil feliz,
escribes y la tinta se te inunda de alas

como un poeta feliz,
y vives tu vida siendo un vagabundo feliz

con una catedral de mármol sobre el hombro.

 
Y eso es suficiente.

 
Porque sonreír, mientras las clepsidras

van perdiendo su cauce entre tus manos,

ha de ser suficiente.

 

sábado, 20 de abril de 2013

Tal vez no sepamos querer






Por derrochar la voz nos alejamos,

por mirarnos tan fuerte que la piel

se nos quedó sin ánimo,

por cincelar en el viento las palabras

que hoy bañan los labios del desierto.


Malgastamos demasiadas torpezas,

demasiados remiendos,

para vivir ilesos para siempre,

consumimos todas nuestras vidas

por voltear un segundo y hoy

las lápidas nos llenan los bolsillos.


Nos amamos los enigmas, desvelamos

los secretos más ocultos en poemas con remite,

debatimos nuestras ansias más salvajes

hasta domesticarlas sobre un edredón helado,

solitario y mutilado en su lado izquierdo.


Mas nunca nos entregamos, nunca

tuvimos el valor de descubrir el aroma

del hervor de un pecado en nuestras ingles,

nunca nos dimos al silencio

para modelar un beso entre sus grietas

ni esperamos el día con esa paz

de alma por los bordes.


Tal vez no sepamos querer, como quien dice.


Aunque hoy, después de tantos años,

sigo buscando la luna en los tejados.


 

 

 

jueves, 11 de abril de 2013

Esta mañana


Esta mañana me he despertado

y el sol era un superviviente,

otro como yo, como también los sueños

que aún exhalaban vapor de madrugada,

un tibio suspiro, famélico de otros,

acompasando los latidos de la aurora.
 

He abierto los ojos, como un transeúnte

acariciando la conciencia,

con el deseo y el pesimismo

de renacer entre tinieblas

y resquebrajar el ataúd de los minutos.
 

No estabas al otro lado del cristal,

como tantas otras veces cuando visitabas

mi agonía

con disfraz de lástima

y discursos ajenos,

no sufrían tus párpados ni tu boca

maldecía los desencuentros.
 

No había nada, sólo yo y una mañana

cargada de autismos y resaca, un porvenir

del tamaño de un insecto sobre la cómoda

y la misma frase al viento

ahogada en la garganta.


De "Abrazos proscritos", premio Serafín de Ausejo. Sevilla. 2010

martes, 9 de abril de 2013

Abstracto

Abstracto,

como una mota de polvo al microscopio

o esa prisión de enfrente, a media oscuridad,

por donde vuelan ocres las caricias y sobresalen

las palabras nunca pronunciadas.


Todo es abstracto,

hasta esta tinta con la que escribo

garabatos a la luz de un bostezo,

las sombras que acarician la noche y sus naufragios,

los sueños de anteayer donde todavía tenías manos

y el mundo

se nos quedaba del tamaño de una mariposa.


Esta noche los dedos se me antojan fantasmas

serpenteando por las esquinas

de un viento cartón pluma,

al borde de todas las enjundias,

paralelos a cualquier afirmación y parapléjicos

al despertar de un autorretrato.


Solo hay líneas rebozadas en niebla,

trazos despistados curvándome los ojos

y con el tuétano infectado de semillas de amapola,

manchas gangrenándose en el fondo de un instante azul,

tan azul

que el cielo ha perdido su originalidad

y las nubes no son más que doloridas criaturas

limosnando un beso.


Todo es abstracto,

extranjero al bosquejo del camino,

con espinas y dientes nacidos de un péndulo

y ramilletes de brazos escoltando las horas,

todo es lejano,

inspirado en un libro de piratas

con protagonistas abstemios

y parches en las tripas.


Todo, hasta este amor que siento

y que escayola mi alma

a distancias mayores de un centímetro,

huele a óleo recién plantado y las raíces

destilan frutos añejos con relieves fingidos.

sábado, 6 de abril de 2013

Pintando con las manos

Sencillamente ..... IMPRESIONANTE


https://www.youtube.com/watch?v=1R60qr4aO0Y


El día despunta

El día está despuntando, como una mariposa

que alza el vuelo desde el presidio,

con las retinas como lienzos impolutos

y las huellas vírgenes.


La noche queda atrás como un mal sueño

donde todo es ajeno y duele tanto,

donde el oído no existe y es silencio

el mar que todo lo baña y lo enmudece.


Es curioso despertar, sin dormir acaso,

y mirar con los ojos del espejo

que escondiera horas atrás nuestra pobreza,

sentir la luz como caricia en el cabello

y las amapolas bailándote en los labios.


Sin embargo, y a pesar de este disfraz

que hace de mí una copia aséptica de mí misma,

ha salido el sol y entre los dedos aún me caben

tus crepúsculos, todavía los almendros

no han aprendido a vestir de gris y las luciérnagas

siguen negándose a ejercer de albañiles

de arco iris.


Ha amanecido y aún te quiero, como una estatua

sigue amando los destiempos de los parques,

con la insensatez de un loco vestido de uniforme

proclamándose dios sobre un blindado

o una estrella con carmín al mediodía.


El mundo es otro y viste de blanco

pero yo, qué puedo decirte, llega el alba

y voy dejando rastros de alquitrán

sobre la hierba.

"Aunque tú no lo sepas" (Urquijo y Quique González)

Me emociono.
Punto

https://www.youtube.com/watch?v=EGFgABERSJM

Un regalico

joaquin sabina


https://www.youtube.com/watch?v=aYzRCdDDjDw

Dibujos

Además de escribir, me encanta dibujar.
Aquí va una muestra de ello.


Dibujo realizado sobre papel con bolígrafo bic negro

Carta de amor- (Por Susana López Rubio, ganadora del certamen "Antonio Villalba")

Os dejo aquí la carta ganadora del certamen "Antonio Villalba de cartas de amor" 2004, de Susana López Rubio.
Hace años que la leí y me impactó, por su originalidad y por resaltar aquéllo que olvidamos arrastrados por la convicción de que todo es para siempre.
Las cosas sencillas son las que prevalecen al final, sea cuál sea.


Estimada Cristina:
Ayer recibí una misiva de tu abogado donde me invitaba a enumerar los bienes comunes, con el fin de comenzar el proceso de disolución de nuestro vínculo matrimonial. A continuación te remito dicha lista, para que puedas solicitar la certificación al Notario y tener listos todos los escritos antes de la comparecencia ante el tribunal.

Como verás, he dividido la lista en dos partes. Básicamente, un apartado con las cosas de nuestros cinco años de matrimonio con las que me gustaría quedarme y otra con las que te puedes quedar tú. Para cualquier duda o comentario, ya sabes que puedes llamarme al teléfono de la oficina (de ocho a cuatro) o al móvil (hasta las once) y estaré encantado de repasar la lista contigo.


Cosas a conservar:

- La carne de gallina que salpicó mis antebrazos cuando te vi por primera vez en la oficina.

- El leve rastro de perfume que quedó flotando en el ascensor una mañana, cuando te bajaste en la segunda planta, y yo aún no me atrevía a dirigirte la palabra.

- El movimiento de cabeza con el que aceptaste mi invitación a cenar.

- La mancha de rimel que dejaste en mi almohada la noche que por fin dormimos juntos.

- La promesa de que yo sería el único que besaría la constelación de pecas de tu pecho.

- El mordisco que dejé en tu hombro y tuviste que disimular con maquillaje porque tu vestido de novia tenía un escote de palabra de honor.

- Las gotas de lluvia que se enredaron en tu pelo durante nuestra luna de miel en Londres.

- Todas las horas que pasamos mirándonos, besándonos, hablando y tocándonos. (También las horas que pasé simplemente soñando o pensando en ti).


Cosas que puedes conservar tú:

- Los silencios.

- Aquellos besos tibios y emponzoñados, cuyo ingrediente principal era la rutina.

- El sabor acre de los insultos y reproches.

- La sensación de angustia al estirar la mano por la noche para descubrir que tu lado de la cama estaba vacío.

- Las nauseas que trepaban por mi garganta cada vez que notaba un olor extraño en tu ropa.

- El cosquilleo de mi sangre pudriéndose cada vez que te encerrabas en el baño a hablar por teléfono con él.

- Las lágrimas que me tragué cuando descubrí aquel arañazo ajeno en tu ingle.

- Jorge y Cecilia. Los nombres que nos gustaban para los hijos que nunca llegamos a tener.


Con respecto al resto de objetos que hemos adquirido y compartido durante nuestro matrimonio (el coche, la casa, etc) solo comunicarte que puedes quedártelos todos. Al fin y al cabo solo son eso: objetos.

Por último, recordarte el n º de teléfono de mi abogado (914070485) para que tu letrado pueda contactar con él y ambos se ocupen de presentar el escrito de divorcio para ratificar nuestro convencimiento.

Afectuosamente,

Roberto.

Pablo Neruda. El viento en la isla

Hay poesías que nunca se olvidan, bien porque nos hagan sentir cuando las disfrutamos por primera vez o porque nos recuerden algún momento feliz de nuestra vida.
Son como canciones que hacemos nuestras, aunque no las cantemos, aunque sólo el silencio y una leve sonrisa nos brote cuando volvemos a leerlas.
Ésta es una de ellas.



EL viento es un caballo:
óyelo cómo corre
por el mar, por el cielo.


Quiere llevarme: escucha
cómo recorre el mundo
para llevarme lejos.


Escóndeme en tus brazos
por esta noche sola,
mientras la lluvia rompe
contra el mar y la tierra
su boca innumerable.


Escucha cómo el viento
me llama galopando
para llevarme lejos.


Con tu frente en mi frente,
con tu boca en mi boca,
atados nuestros cuerpos
al amor que nos quema,
deja que el viento pase
sin que pueda llevarme.


Deja que el viento corra
coronado de espuma,
que me llame y me busque
galopando en la sombra,
mientras yo, sumergido
bajo tus grandes ojos,
por esta noche sola
descansaré, amor mío.


viernes, 5 de abril de 2013

De Vicente Martín Martín

Uno de los poemas de Vicente Martín, de su poemario "Como tu piel desnuda". Hace menos de un año que no está, pero con regalos como éste será más que imposible olvidarlo.


Si este puente que salva
el abismo profundo que divide
las luces de las sombras,
                                        si este puente
que cruzo cada vez que pronuncio una palabra
y miro al infinito, se cayera
dónde irían mis brazos, mi cuerpo, mis silencios a tientas,
dónde, tú,
tus caricias,
el murmullo del agua,
el estanque en que el cielo era un retrato al alcance de los dedos.

Siempre tuviste el fatal presentimiento
de que un día estas vigas
y estos arcos de hierro
no iban a aguantar querernos tanto,
que de pronto
alguien iba a culparnos de la música,
del sopor del aljibe,
del orín que han dejado en las islas los barcos que vinieron
del origen del mundo.

Por eso,
porque siempre hay un duende en la mesilla que enarbola la espada,
una tabla periódica, un retrato colgado en la pared
y doscientos megáfonos que expulsan sirenas asesinas,
porque amar es el último lenguaje
y hablar es destruirse
no tenemos opción,
lo mío es
mirarte tan despacio que no puedas
imaginar siquiera que te miro.

Regalo

Te regalo mi alma, véndela,

prostitúyela, haz con ella cuanto ansíes

sin miedo a los naufragios,

esculpe sobre ella cien mil huidas,

colúmpiate como si no existieran bordes,

derrama en la quietud de sus silencios

los cimientos de un verso

y llora cuanto yo no fui capaz de llorar.


Yo ya no la necesito, desde aquel suicidio

que me quebró los párpados no tengo secretos,

ni espacios, ni tan siquiera una miserable llave

tras la que ocultar los péndulos,

la noche es una sombra inmensa bajo mi piel

y el corazón una ventisca

en la pacífica soledad de mis otoños.


Por ello te la entrego, porque existe sin ser,

porque araña y duelen sus embistes,

porque gime al contraerse cada día

y me hieren sus quereres vírgenes

en esta mía jubilación del deseo.


Cuídala, acaricia cada uno de sus abismos

y no temas romperla por amar sin red,

por hablar con los ojos

o dejarla al descubierto en cada beso.


Yo seré feliz trasportando mis vacíos

y sabiéndola libre, viva,

aunque la risa se congele mucho antes

de llegar a mis labios.

Todo se desvanece

Todo se desvanece,

el negro de la noche se desorienta al gris diurno

para confundir el tiempo, allí

donde el llanto abre grietas blancas

en las que descansar los párpados

y olvidar las desavenencias del alma.


La vida es una colmena sin dueño a estas horas,

una sopa de letras en distintos idiomas,

un ataque recíproco y desorganizado

de mi copa a tus labios y tu sed

a mis tierras de agosto.


La casa ambulante en que habito se desvanece,

las paredes de sombras hilvanadas

en las que una vez pinté un sol se desvanecen,

las armaduras, las carnes vivas, las contradicciones

con las que excusar mis mordiscos

se desvanecen.


Y es que hay lances en que la noche

llega tan fría y con ese olor de muerte a deshoras

que una no puede

sino cubrirse con la quietud de un péndulo

y confiar

mientras todo, alrededor, se desvanece.

miércoles, 3 de abril de 2013

Ahora (premio"Fray Serafín de Ausejo" 2010)


Ahora que espero en las ventanas de la tarde

amaneceres silvestres,

que los espejos no cierran sus persianas

y las manos, parapléjicas, rehabilitan

las caricias del pasado.

En este mismo instante en que las voces

vuelven a repoblar

el autismo de los cuartos,

que las almohadas se rebelan contra el llanto

y los cristales ofrecen su epidermis

al tatuaje de un sol resucitado.

Es ahora cuando puedo volver a mirarte, puedo

encontrarme en los tejados del tiempo

desplegando mis alas de escayola

y perderme en la inocencia

que me aguarda en los abismos.

Quería decírtelo



 
Hace mucho que no estás, que tu voz


se fundió con el vaivén de las sombras,

en mitad de mis sueños o mis sábanas,

en mi nostalgia angosta

o los arrabales de una noche desierta.

 

La locura me ha vencido y mi alma

es un péndulo a deshoras recorriendo

las pálidas esquinas de una sala de espera,

un rezo hacia dentro

y el egoísmo, ciego, de borrar

toda frontera inexacta al alcance de un párpado.

 

Tal vez nunca estuviste y aquella noche

sólo fuera un granizo en un recital de agosto,

que los besos de entonces, rehogados en whisky,

no asustaran a nadie y en tus recuerdos

sólo habiten cenizas sin nombre ni apellidos

como las de un poeta aparte,

sin más trinchera que un paraguas

para detener el tiempo.

 

No fue así para mí, quería decírtelo,

aunque ese mismo whisky me enturbie todavía

y tus brazos me parezcan espuma

o tus labios arrecifes donde matar la culpa.

 

Aunque ya no estés y la vida,

ésta que pasa con agonía de desahuciada,

me obligue al cobijo.

 

Tenía que contarte

que la oscuridad se sigue vistiendo con susurros

nacidos de tu boca, que las alas

se me tiñen naranjas al albor de un domingo

y puedo volar tan alto, tanto,

que los ojos me imploran clemencia

desde este presente de asfalto y multitudes.

 

No, no estás

derrumbando con tus latidos mis catedrales blancas,

no con tu mirada

ni con tu piel al alcance de una diana incierta.

 

Pero sigues estando, quería decírtelo,

encerrado en un puño,

al impacto certero de todo deseo

o el epicentro fluorescente de cada madrugada

aunque las palabras, mucho antes de intentarlo,

se me mueran en los labios.